UN ESCÁNER PROCEDENTE DE ATAPUERTA MODELIZA EN 3D LOS GLACIARES DEL PIRINEO

Fuente: Gabinete de Comunicación de la UVa

La Universidad de Valladolid ha adoptado una tecnología innovadora para el cartografiado secuencial de los glaciares de los Pirineos. Se trata de sistemas escáner láser terrestre y registran digitalmente la geometría de las superficies, lo que ayuda a estudiar las variaciones producidas en ellas. Así como sucede en los yacimientos de Atapuerca (Burgos), donde se catalogan las variaciones producidas en el terreno en las diferentes campañas; estos equipos pueden proporcionar información muy valiosa sobre la evolución del patrimonio natural en los Pirineos.

Por mucho cuidado que se ponga, las excavaciones conllevan la alteración del entorno. Para profundizar en un yacimiento y localizar nuevos hallazgos, se necesitan retirar sucesivas capas de sedimentos. Los equipos escáner láser terrestre, basados en dispositivos LIDAR (Light Detection and Ranging), se emplean para documentar cómo era el terreno antes de que las picas y los pinceles de los arqueológos actúen, y desentierren y limpien nuevos descubrimientos. Aunque es muy extendido el uso de técnicas de registro en 3D, hasta ahora no era habitual hacerlo de manera periódica. En un estudio recientemente publicado en la revista Digital Applications in Archaeology and Cultural Heritage, un equipo de investigación coordinado desde el CENIEH (Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana), muestra el resultado de los modelos obtenidos por medio del uso secuencial del escáner láser terrestre en la Trinchera del Ferrocarril de la sierra de Atapuerca en el último decenio. El trabajo cuenta con la participación de personal de la Universidad de Valladolid (UVa), Grupo Espeleológico Edelweiss, Fundación Atapuerca y del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES).

            “Las reconstrucciones en 3D están muy extendidas en el campo de la Arqueología. Por ejemplo, existen unas muy valosas de la Esfinge y pirámides de Guiza. Sin embargo, este registro no se realizaba de forma secuencial en excavaciones arqueológicas paleolíticas hasta ahora”, explica Adrián Martínez, investigador del grupo de investigación reconocido (GIR) Pangea, de la Universidad de Valladolid y primer autor del estudio. “Nuestro aporte principal reside en la multitemporalidad en el uso del escáner láser, lo que proporciona nuevos datos de interés científico”, resume.

 En Atapuerca, el escáner láser se emplea de forma anual desde 2012 y continúa en activo. El dispositivo, un sensor montado sobre un trípode, manda un pulso láser sobre la superficie determinando la distancia existente entre ambos. Con el lanzamiento constante de pulsos hacia esa superficie, se genera una nube de puntos en 3D de alta densidad. A partir de esta nube se puede recrear en un ordenador con gran precisión el espacio escaneado, como si se pasara un papel de calco sobre un relieve y se trazaran las formas con carbonilla. El registro en tres dimensiones permite, por ejemplo, recordar cómo era la superficie de los yacimientos en campañas previas, ya que la extracción de materiales varía de campaña en campaña.

Otros usos

El escáner láser terrestre es adaptable a otros ámbitos en los que se produzca una intervención, ya sea humana, como una obra civil; o natural, como por ejemplo desprendimientos de tierra. En el grupo de investigación reconocido Pangea (Patrimonio Natural y Geografía Aplicada), del Departamento de Geografía, se emplea para monitorizar la evolución de cuerpos helados del Pirineo, como glaciares y glaciares rocosos. La criósfera, la parte de la Tierra donde el agua permanece en estado sólido, no es un ente estático, sino al contrario. El registro secuencial de estas masas de agua permite conocer mejor su movimiento. En la actualidad, debido a la crisis climática, los glaciares se encuentran en retroceso alrededor del planeta.

Los geógrafos de la UVa están cuantificando con esta técnica y otras geomáticas la evolución de los glaciares y glaciares rocosos de La Madaleta y La Paúl (Huesca). En 2019, observaron rápidos desplazamientos en los lados occidental y frontal de este último glaciar. En su trabajo de campo, estos investigadores se encuentran con las dificultades propias de la alta montaña, como que los objetos de estudio se encuentran en zonas de difícil acceso, la movilidad con el equipamiento científico de entre cinco y quince kilos de peso o el clima.